Breve guía de por qué no puedes ser tan capullo y no vacunar a tus hijos

Desde antenas cancerígenas, móviles contaminados y detectores de engaños, hasta lentillas asesinas y victorias de un cheff mal atribuidas, mi sección de http://www.sierranortedigital.com ha pretendido ser un repaso a todo aquello que nos confunde, nos engaña y nos asusta por internet, medios de comunicación y rumores cotidianos.

Hasta ahora, lo que allí trataba eran temas de poca envergadura, temas que por su contenido poco tenían que preocuparnos… Pero desde hace algún tiempo, circulan por internet bulos muy preocupantes sobre la vacunación; bulos que, teniendo como mayor exponentes en la red a una ex-Playmate y a una monja, nos hacen desatender el consejo médico y no vacunar a nuestros hijos. En países desarrollados como el nuestro, con un muy buen sistema de salud -pese a los recortes- y a tener vacunas suficientes para atender la demanda nacional, la tasa de vacunación esta bajando, a la vez que estas cadenas cobran más fuerzas.

Las páginas anti-vacunas abundan, las cadenas y mensajes de redes sociales también, cada una mas alarmista que la anterior, achacando a las vacunas desde poca eficiencia hasta peligros de daño cerebral y muerte… Sólo hay que navegar por el ciberespacio para tener terror absoluto a estas extraordinarias herramientas médicas.

Dado lo delicado del tema, antes de empezar a desmentir algunos mitos y bulos sobre las vacunas, es importante hablar un poco de ellas, para conocerlas mejor, y de ser posible, reconciliarnos.

¿Qué es una vacuna?

Una vacuna es una forma atenuada o incluso desactivada de un virus. Cada vez que nuestro cuerpo lucha contra una infección vírica, produce anticuerpos que quedan “grabados” en nuestro sistema inmune. Si el mismo patógeno vuelve a atacar, nuestro cuerpo sabrá exactamente qué anticuerpos utilizar… Y los utilizará, porque nuestro sistema inmune no se anda con chiquitas.

Cuando se introduce una forma menos agresiva del virus, o completamente inerte, nuestro cuerpo lo ataca sin discriminación alguna. Para él un virus es un virus, da igual cuales sean sus intenciones. Como recuerda los anticuerpos, si su hermano maligno decide atacar, sabrá exactamente como defenderse, y como el virus introducido es menos agresivo, el cuerpo experimentara leves molestias, o ninguna, dependiendo de la vacuna.

Hasta aquí la teoría, el deber ser. La cosa se complica cuando los autores de estos mitos confunden términos, mezclan conceptos o simplemente confunden correlación con coincidencia. Repasemos algunos:

 

Las vacunas producen autismo: no todas, algunos generalizan sin discriminación, pero la culpable de este mito es la triple vírica.

En 1998 el doctor Andrew Wakefield publicó un controversial artículo en la revista The Lancet, en el que se estudiaba una serie de casos de niños con autismo o alteraciones del desarrollo y los relacionó con la administración de esta vacuna. Este artículo hizo saltar las alarmas. Desde su publicación miles de niños dejaron de recibirla.

Luego de muchos estudios, tanto de institutos de investigación como de agencias gubernamentales, fue imposible detectar dicha correlación, lo que desconcertó a los expertos. No fue hasta el año 2010 que descubrieron que los datos fueron falsificados, por lo que la revista decidió retirar el artículo, aunque el daño ya estaba hecho.

 

Las vacunas pueden producir efectos secundarios nocivos:  estos efectos van desde terribles secuelas hasta la muerte.

Una vacuna no sale al mercado como quien inventa una nueva receta de cocina. Para poder administrarse en humanos, una vacuna tiene que pasar por miles de estudios y ensayos clínicos. En el campo de la salud, la ciencia avanza a un ritmo desesperadamente lento, solo así se puede estar seguro que cura, y más importante aún, que no daña.

Al tratarse de cepas poco virulentas o inactivas, el cuerpo puede reaccionar a ellas con algunas molestias y algo de fiebre. Incluso si se presentase alguna reacción adversa, esta siempre será mucho más leve que la enfermedad contra la que nos inmuniza. Un poco de fiebre siempre es mucho mejor que sufrir paperas, por ejemplo.

 

Las enfermedades contra las que nos vacunan están casi erradicadas: Hace décadas que no se ven casos de Polio o difteria, por lo que vacunarse contra estas enfermedades es poner en riesgo nuestra salud en vano.

En mundo cada vez más pequeño como en el que vivimos, una enfermedad que creíamos superada puede estar a punto de llegar por la puerta 5 del aeropuerto. Si esas enfermedades están erradicadas es gracias a las campañas de vacunación. En países donde, por motivos sociales o religiosos las vacunaciones han bajado, los casos de enfermedades como las paperas, rubeola o varicela se han incrementado, con los potenciales riesgos que pueden traer para la salud pública.

 

Las vacunas contienen mercurio: este elemento resulta sumamente tóxico para los seres humanos. 

Muchas vacunas usan como conservantes un producto conocido como tiomersal. Éste es un compuesto en el que sí, el mercurio forma parte de su molécula; al igual que el cloro, un gas sumamente tóxico, forma parte de la sal común. Que este elemento esté presente en la molécula no significa que nos estemos intoxicando.

En todo caso, aunque tuviera algún efecto sobre la salud, la dosis es tan ridículamente pequeña que no existe motivo para alarmarse. Si consumiéramos dosis altas de vacunas a diario, podría haber algún motivo para preocuparnos.

Si todo esto no te convence, muchas farmacéuticas han optado por sustituir el tiomersal por otros conservantes de nueva generación, sin mercurio en sus moléculas.

 

Lo mejor es inmunizarte de forma natural: una vez que sufres la enfermedad, ya quedaras inmunizado de por vida.

Este mito es cierto solo en una parte: una vez sufrida la enfermedad, quedas inmunizado para toda la vida. Por muy bonita que suene la palabra “natural”, padecer enfermedades fácilmente evitables es absurdo e irresponsable. Algunas enfermedades como el sarampión o la varicela pueden parecer inofensivas, pero también es cierto que, aunque improbable, pueden presentarse formas muy agresivas de estos virus, o complicaciones derivadas de estas enfermedades.

 

En resumen: como explicó el periodista Michael Specter en el ciclo de conferencias TED, muchas de nuestras fobias sobre este tema cobran vida porque hace mucho tiempo que no vemos de primera mano un caso de polio o viruela. Estamos tan desconectados de lo devastadoras que pueden ser estas enfermedades, que preferimos creer a gente sin ningún tipo de preparación o formación académica antes de seguir los consejos de los verdaderos profesionales.

Pide información a tu médico de cabecera, y si dudas, pide una segunda e incluso una tercera opinión. Por muy malas que puedan ser las compañías farmacéuticas, muchos médicos aún se preocupan por la salud de sus pacientes… y aunque no me gusta generalizar, muchos médicos son buena gente, no se estudian diez años de medicina para ir envenenando a la peña

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