Fenómenos que SÍ tienen explicación, adaptado para que hasta Nicolás Maduro lo entienda

Solemos pensar en nuestro sentido de la vista como una cámara de video que refleja fielmente la realidad de nuestro entorno. Es así como asumimos que no hay nada más objetivo que lo que vemos con nuestros propios ojos.

Nuestro cerebro es un gran ordenador que registra cada detalle de nuestro entorno, lo analiza y lo compara con la información previamente almacenada; es una máquina sofisticada de recordar, dar forma y descubrir patrones. Aunque no seamos conscientes de ello, nuestra mente se encarga de que todo lo que veamos tenga sentido.

Jeff Hawkins, en su libro Sobre la inteligencia explica que “El papel de cualquier región del córtex es averiguar qué relación hay entre sus entradas (inputs), memorizarla y usar esa memoria para predecir cómo se comportarán las entradas (inputs) en el futuro”. Esto significa que, para que nuestro entorno tenga sentido, tiene que guardar similitud con algún recuerdo, con algún concepto.

Somos un animal de costumbres. Aunque no lo queramos, nuestro cerebro creará patrones allí donde vaya, y si no existe patrón alguno, lo inventará… porque hubo un tiempo en el que se nos podía ir la vida en ello.

Nuestro cerebro de primate evolucionó para saber reconocer aquello que necesitábamos: la fruta madura, el mejor refugio, etc. Más adelante, al enfrentarnos a la sabana africana, primero como carroñeros y luego como cazadores, el reconocer los patrones de nuestro entorno se hizo cada vez más importante: las rutas migratorias de los animales, la presencia de rivales y de depredadores, las fuentes de agua… la supervivencia dependía de nuestros sentidos.

Nuestros indefensos ancestros estaban en un estado de alerta casi continuo. El más mínimo sonido o aquello que simulara ser una silueta desataba en nuestros predecesores el mecanismo de ataque o huida. Una silueta en la maleza podía esconder a un depredador asechando, o ser simplemente un conjunto de líneas y sombras. Los que se quedaban a averiguarlo, tenían más posibilidades de terminar siendo la cena de alguien. Los que huían sin pensar, tuvieran o no razón, fueron los que sobrevivieron… fueron nuestros antepasados.

Es por eso que vemos formas en todos lados, es por eso que tememos a la oscuridad. Somos los herederos de aquellos primates precavidos, de aquellos que corrían y luego discutían. Hoy, sin depredadores de los qué huir, sin presas a las que perseguir, este mecanismo solo sirve para ver formas curiosas en todos lados. Hoy este fenómeno tiene nombre propio: Pareidolia.

Lavadora sacando la lengua

No quiero ni imaginar lo que pusieron a lavar…

Solemos ver formas en casi cualquier lado: “eso parece un perro, eso parece un cohete, eso parece una guitarra”, pero sobre todo, vemos caras. Dos círculos cercanos y una media luna son suficientes para reconocer un rostro; incluso tres líneas horizontales, dispuestas correctamente, hacen el mismo efecto.

Tres lineas rectas forman un rostro

Tres lineas rectas, colocadas de cierta manera, hacen que veamos un rostro.

Como criaturas sociales, reconocer las emociones de nuestros semejantes es vital para nuestra supervivencia, y no hay mejor ventana a estas emociones que el rostro humano.

Desde el momento en que empezamos a ver con claridad, nuestro cerebro ya reconoce un rostro, y lo diferencia del resto de objetos. Estudios con bebes demuestras que hasta el rostro mas burdo y tosco (las tres líneas horizontales) captan mucho mejor la atención del infante que otros objetos, a priori más llamativos. No solo vemos formas en todos lados, si algo parece un rostro, seguro lo percibiremos como tal, aunque a un nivel consiente sepamos que se trata de una ilusión.

Por último, hay un tercer factor a la hora de evaluar una pareidolia: el factor cultural. No solo reconocemos figuras en casi cualquier lado, no solo estamos predispuestos a ver rostros, sino que además esas figuras y esos rostros siempre estarán relacionados con nuestra cultura: Mientras que en occidente es más común ver a Jesús, en el Tíbet verán a Buda. Quienes hoy ven un cohete, hace 100 años podrían ver otro artilugio.

Jesús en una mancha en la pared

Si vives en occidente, aún siendo judío o musulman,verás el rostro de Jesús en esta imagen… más o menos

El caso más famoso de este tipo de pareidolia es la lámpara de Dendera. Este relieve muestra una representación de “Horus unificador de las Dos Tierras” en forma de una serpiente saliendo de una flor de loto, sin embargo, muchos pseudoegiptólogos suelen ver en este jeroglífico una bombilla -y una prueba de la tecnología del antiguo Egipto- ya que, en nuestra civilización, ni las serpientes ni las flores de loto son algo común, mientras que las bombillas incandescentes sí… es así como los antiguos egipcios y ahora los arqueólogos instruidos en la materia logran ver esta representación, mientras que para el común de las personas, el hombre sostiene una bombilla gigante.

Para los expertos es el dios Horus, para los pseudoegiptologos es una bombilla...

Para los expertos es el dios Horus, para los pseudoegiptologos es una bombilla…

Todo esto viene a colación porque, según el primer mandatario venezolano, los trabajadores del Metro de Caracas, en plena faena, vieron como un rostro apareció en la pared “de forma inexplicable”. “Están los trabajadores allí, laborando, dos de la mañana, y les aparece una imagen en la pared. Le tomaron la foto para dejar el registro, y ahí está. Y, hoy por hoy, no está en la imagen. Así como apareció, desapareció. Para que ustedes vean, lo que ustedes dicen es verdad: Chávez está en todas partes” explicó Maduro.

Para que la explicación esté completa, habría que añadir cómo la humedad y algunos materiales se combinan para crear manchas, pero en esta parte no profundizaré. Basta con conocer el mecanismo por el que nuestro cerebro interpreta manchas aleatorias cómo un rostro, y cómo nuestro trasfondo cultural (y quizá las ganas de verlo) hagan que ese rostro sea la imagen del difunto presidente venezolano.

De esta forma, sabemos que no se trata de un fenómeno “sin explicación”. Tal vez no es una explicación muy profunda ni muy extensa, pero espero al menos que sea lo suficientemente sencilla como para que hasta el primer mandatario venezolano logre entenderla.

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