¿Como se eligen los nombres de los astros?

Con nombres tan sugerentes como 18 Scorpii, Alfa Centaruri o 2012DA14  es común pensar que la creatividad es un don que ha sido negado al gremio de la astronomía. Atrás quedaron nombres tan evocadores como Vega, Capella o Sirio para designar a los cuerpos celestes que vemos en el firmamento.

Estos extraños nombres, más que a una ausencia de creatividad entre quienes estudian el espacio exterior, se deben a la obsesión de nuestra especie de clasificar y catalogar todo lo que se encuentra, aunque también responde a criterios prácticos.

Antiguamente, los griegos y romanos asignaban un nombre propio a los astros, inspirados en su mitología, o describiendo sus características (posición relativa, color tamaño, etc.).

En la edad media, el testigo fue recogido por los astrónomos árabes, que se dieron a la tarea de catalogar cada objeto brillante en el firmamento. Muchos astros perdieron su nombre griego, en favor de la traducción árabe; es sí como la estrella Opsio pasó a conocerse como Aldebarán, nombre que conserva hasta nuestros días.

Por muy buenas intenciones y por mucho tiempo libre que se tenga, nombrar a cada objeto del cielo nocturno es una tarea extremadamente complicada. Con la introducción del telescopio en la astronomía, la tarea fue aún peor.

En 1603, el astrónomo alemán Johannes Bayer publicó su atlas de mapas estelares “Uranometria”, empleando un ingenioso sistema que se valía de las constelaciones para catalogar los objetos en el cielo. En su sistema, a cada estrella de una misma constelación se le asigna una letra griega, siendo Alfa la más brillante, y Omega la que menos destaca, terminando con el nombre de la constelación bajo su forma latina. Alfa Centauri o Upsilon Andromedae pertenecen a esta nomenclatura.

Este sistema, aunque muy práctico, ya que permitía conocer la ubicación de una estrella y su brillo, tenía un serio problema: el alfabeto griego, con sus 24 letras, se quedó muy corto.  En 1712, el astrónomo inglés John Flamsteed sustituyó las letras griegas por números, relativos a la posición del astro con respecto al meridiano. 51 Pegasi o 18 Scorpii son algunos ejemplos.

Actualmente, aunque se conservan los nombres asignados tanto por el método de Bayer como el de Flamsteed, los astrónomos han optado por usar un nuevo método, que determina mejor su posición en el cielo, la nomenclatura de Henry Draper.

Este método, asigna a una estrella las letras HD (para indicar que se trata de este método) seguidas de un número, que va desde el 1 hasta el 225.300 en orden de ascensión recta, es decir, su posición relativa al punto Aries o punto en el que se encuentra el sol en el equinoccio de primavera. Ejemplos de esta nomenclatura son HD 48915 o HD 155358.

La Unión Astronómica Internacional, aparte de mantener las nomenclaturas tanto de Bayer como de Flamsteed, decidió conservar los nombres tradicionales antiguos. HD 48915, a efectos de la UAI, seguirá siendo Sirio.

El caso de cometas y asteroides, sin embargo, es mucho más raro. A diferencia de una estrella, un asteroide es pequeño, se mueve a gran velocidad y en ocasiones resulta complicado determinar su órbita.

Cuando un astrónomo descubre lo que cree que pueda ser un nuevo asteroide, lo cataloga siguiendo un método estándar:

La primera parte del nombre será el año del descubrimiento, le sigue una letra latina, en mayúscula, que indica en que quincena fue descubierto (A del 1 al 15 de enero, B del 16 al 31, etc), las quincenas van del día 1 al 15 y del 16 al último día del mes, independientemente de si son 28 como en febrero o 31 como en julio. Se omite en esta nomenclatura la letra I, que correspondería a la primera quincena de mayo.

A esa primera letra, le sigue otra, también en alfabeto latino y en mayúscula, desde la A hasta la Z, omitiendo igualmente la I, que indica en que orden se descubrió el cometa en esa quincena específica. Como cada vez hay más y mejores telescopios, las letras del alfabeto casi siempre se quedan cortas, por lo que se recurre a un subíndice que dice cuantas “vueltas” al alfabeto se han dado.

Así, 2012DA14  es un asteroide descubierto en el año 2012, en la segunda quincena de febrero, y fue el 351º objeto descubierto esa quincena de ese año.

Una vez que el objeto ha sido observado con suficiente detenimiento por varios astrónomos en varios observatorios, el objeto recibe un número secuencial seguido del con un nombre elegido por el descubridor, siguiendo algunas reglas:

–       Debe ser fácil de pronunciar y tener como máximo 16 caracteres (lo que complica mucho a los alemanes)

–       Si se quiere elegir el nombre de algún suceso histórico, este deberá haber ocurrido al menos 100 años antes

–       Si se quiere elegir el nombre de algún político o militar, este deberá haber fallecido 100 años antes del descubrimiento.

Estas reglas, establecidas por La Unión Astronómica Internacional se crearon para evitar herir susceptibilidades, aunque como toda regla, tiene su excepción. Un grupo de cuatro cometas fueron bautizados como John, Paul, Ringo y George en homenaje a Los Beatles.

Actualmente, 2012DA14  es conocido como 367943 Duende

Publicado en la sección Ciencia al Día de www.eldiadezamora.es

Ciencia al Día 198

Ciencia al Día, espacio de divulgación y actualidad científica de El Día de Zamora

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