Levadura: de hacer pan y vino a combatir la malaria

Pocos seres vivientes han hecho tanto por la humanidad como la humilde levadura. Sin siquiera saberlo, ha forjado nuestra civilización, dándonos el pan para comer y la cerveza y el vino para beber. Sería imposible contemplar el progreso humano sin este microscópico hongo unicelular.

Como si esto no fuera suficiente, un grupo de científicos está a punto de asignarle una nueva misión; quieren enlistarla en la guerra contra la malaria, una guerra que causa cerca de 650.000 muertes al años, siendo la mayoría de bajas las de niños de países tropicales.

Para entender esta nueva misión asignada a la levadura, es necesario remontarnos a lo profundo de la jungla de Vietnam, durante la guerra que enfrentó a esta nación con los Estados Unidos. Durante esta guerra, las tropas norteamericanas vieron como cerca del 11% de sus bajas no eran productos de las balas enemigas, sino del parásito causante de la malaria. Curiosamente, las bajas del lado vietnamita, producto de esta enfermedad eran mínimas.

Los vietnamitas contaban con una aliada, una joven investigadora china con una paciencia infinita: Tu Youyou. Esta investigadora tenía la engorrosa misión de conseguir una sustancia capaz de combatir esta enfermedad, con nada menos que una efectividad del  100%.

Tu Youyou

No hay premio en el mundo que pueda agradecer la infinita paciencia de esta buena mujer. La ciencia y el mundo está en deuda con ella

Luego de probar más de 5000 compuestos diferente, dio con una antigua receta a base de ajenjo dulce, o artemisa. Una vez sintetizado el principio activo al que bautizó con el original nombre de artemisina, lo probó en ella misma para demostrar su efectividad.

Armados con artemisina, los vietnamitas lograron hacer frente a este parásito, que causaba estragos en las líneas enemigas. Tal fue su efectividad, que el gobierno chino lo consideró como secreto militar, y mantuvo escondido el trabajo de la Dra. Youyou. No fue sino hasta finales de los 70 que se reveló este compuesto, y empezó a fabricarse de manera industrial, llegando a convertirse en el principal medicamento antimalárico.

Artemisia

Artemisia annua, ajenjo dulce o ajenjo chino… nuestra mejor arma para combatir la malaria

Esta sería una historia de triunfo para la humanidad si no fuese por un pequeño problema: cultivar el ajenjo dulce no resulta del todo fácil, y de cada planta solo se puede extraer muy poco principio activo. El resultado es que nunca hay suficiente medicina para todo el mundo, y cuando la hay, resulta muy costosa.

La levadura llega al rescate

Desde que se dio a conocer este compuesto, los investigadores han buscado la forma de producirlo de manera industrial, de forma económica y sencilla. Lograr que un organismo de fácil cultivo y reproducción rápida lo produzca fue la respuesta más obvia.

La levadura, que no depende de condiciones climatológicas específicas y que solo necesita azúcar para hacer lo suyo es el candidato ideal, pero por desgracia, no es muy dada a fabricar artemisina.

Para ello, los investigadores han tenido que identificar los genes responsables de la producción de ácido artemisínico en la planta, para luego, mediante transgénesis, insertarle éstos a la levadura.

De momento, esto resulta sencillo solo en el papel. Recientes investigaciones han logrado cepas de levadura capaces de producir pequeñas cantidades de este precursor de la artemisina, pero no lo suficiente para hacerlo más rentable que extrayéndolo directamente de la planta.

Sin embargo, los investigadores C. J. Paddon y J. D. Newman anunciaron que lograron una producción de 25 gramos de ácido artemisínico por litro de cultivo; cantidad suficiente para poder producir el medicamento a gran escala de forma económica y efectiva.

Y por si esta noticia no terminara de resultar del todo alentadora, la Fundación Bill y Melinda Gates, que financió la investigación, anunció que pondrá a libre disposición la patente del proceso de fabricación, para obtener este medicamento de forma económica.

Es así como una investigadora con una paciencia infinita, un grupo de expertos en transgénesis y una humilde levadura panadera podrían por fin conseguir la tan ansiada victoria de una guerra contra un parásito que lleva siglos haciendo estragos en la humanidad, sobre todo entre los más pobres.

Pan, cerveza, vino y artemisina… no le podemos pedir más a este humilde hongo miscroscópico.

 

Publicado en la sección Ciencia al Día de El Día de Zamora

Ciencia al Día 208

Ciencia al Día, espacio dedicado a la ciencia y a la divulgación de El Día de Zamora

 

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